Selene M. Guajardo
📰 El Norte • Jul 12, 2026

La metástasis es la propagación de células cancerosas desde su lugar de origen (tumor) hacia otras partes del cuerpo. Estas células viajan a través del torrente sanguÃneo o el sistema linfático y pueden formar nuevos tumores en otras zonas.
Algo similar ocurre si pensamos en la RefinerÃa de Cadereyta. Sabemos que es una de las principales fuentes de contaminación atmosférica en la Zona Metropolitana de Monterrey, no sólo porque de su operación proviene más del 90 por ciento de las emisiones de dióxido de azufre y parte del material particulado, sino también porque en ella se refina gran parte de los combustibles que se distribuyen en la metrópoli, como la gasolina, el diésel o el combustóleo. Estos derivados del petróleo alimentan hoy en dÃa los procesos productivos que cobran factura a la salud pública a través de nuestra dieta inhalable.
Llama la atención el aumento de la producción que se ha registrado este año en dicha RefinerÃa. Recordemos que existe una correlación entre su producción y los niveles de PM2.5 respirable. Los óxidos de azufre son precursores de este contaminante que impacta negativamente en la salud.
Hace unos dÃas El Norte publicó en primera plana el aumento récord de producción de combustóleo en el periodo de enero a mayo de todos los años desde 2004. Tan sólo en mayo del 2026 se produjeron en promedio 37 mil barriles diarios de combustóleo, de los 171 mil barriles de producción total diaria que, por cierto, va en aumento.
Los barriles son la unidad de medida estándar para cuantificar la producción y el almacenamiento de hidrocarburos lÃquidos y sus derivados. Cada barril equivale a 159 litros.
El combustóleo que se produce en la refinerÃa de Cadereyta es un residuo altamente contaminante con elevado contenido de azufre. Irónicamente, la actual Norma Oficial Mexicana que establece los criterios de calidad de los petrolÃferos en México, (NOM-016-CRE-2016) permite su uso como combustible en la Zona Metropolitana de Monterrey, en teorÃa con un máximo de 2 por ciento de azufre en masa. Caso distinto a la Zona Metropolitana del Valle de México, donde está prohibido su uso, con justas razones.
El contenido de azufre en este residuo es el principal motivo por el que dejó de utilizarse en las embarcaciones a partir del 2020. Hoy en dÃa la Organización MarÃtima Internacional prohÃbe a estos vehÃculos usar combustibles con un contenido de azufre mayor al 0.5 por ciento.
Si localmente no se producÃa tanto desde hace más de veinte años (2003), de acuerdo con los registros públicos del Sistema de Información Energética de la SecretarÃa de EnergÃa, es lógico que emerja la duda. ¿Dónde podrÃa estar terminando ese combustóleo, si ya no hay mercado marÃtimo que lo consuma?
Para darnos una idea clara del tamaño del problema, pensemos en el estadio Azteca. En este recinto caben aproximadamente mil millones de litros. En números rápidos, si cada barril de combustóleo equivale a 159 litros y el promedio de producción diaria de enero a mayo de 2026 se estima en 35 mil barriles, hagamos la multiplicación por los dÃas transcurridos en ese periodo (151).
Tan sólo en el 2026, la cantidad de combustóleo producido en Cadereyta casi llenarÃa el estadio Azteca, el más grande de nuestro paÃs.
Poco más de 840 millones de litros de combustóleo que este año, en un escenario "favorable", terminarÃan como materia prima en un proceso donde el azufre contenido sea secuestrado. Y que en un escenario desfavorable terminarÃan quemándose para producir energÃa no sólo en la misma RefinerÃa, sino en otros puntos de nuestra metrópoli, donde casi 6 millones de habitantes inhalan a diario cerca de 11 mil litros de aire.
Generalmente la metástasis no se cura, pero es tratable. Lo más importante es frenar su avance. Sin embargo, en situaciones especÃficas como tumores aislados, existe la posibilidad de lograr una curación completa. Una manera de frenar el avance de la metástasis que hoy sufre nuestra metrópoli es vetar los combustibles altamente contaminantes, mejorar la calidad de los refinados y asegurar su sustitución por otras fuentes de energÃa. Un tratamiento necesario para, eventualmente, extirpar el tumor que hoy amenaza la salud pública.